La rebelión de la erótica femenina
Las exposiciones que se inauguraron ayer en el festival PhotoEspaña
ofrecen la pista de cómo la fotografía ha sido decisiva para rebelarse
contra la iconografía en la que dominaban imágenes de la mujer como
proyecciones de múltiples fantasías masculinas.
La tendencia dominante estuvo marcada fuertemente por la estética del machismo poco o nada camuflado pero fue en los años setenta cuando, de manera radical, a través de las vanguardias feministas, y de manera más amorosa suave y sensual, gracias al trabajo de Edward Weston y Harry Callahan, se impusieron miradas igualitarias que permitieron aprender a mirar a sus compañeras y musas como sus iguales, tal y como eran.

Otros artistas, como el fotógrafo
modernista Zbigniew Dtubak, en cambio no hicieron obras revolucionarias
ni amorosas sino que partieron de una perspectiva más fría, alejada e incluso geométrica hasta llegar a considerar el elemento erótico como algo meramente anecdótico.
Distribuidas en cuatro salas del Círculo de Bellas Artes de Madrid las exposiciones Mujer.
la vanguardia feminista de los años setenta. Obras de la Sammlung
Verbund; Él, ella, ello. Diálogos entre Edward Weston y Harry Callahan; y Zbigniew Dlubak. Estructuras del cuerpo abren
el día 4 de junio las puertas a un público que podrá disfrutar de las
conocidas fotografías de paisajes y desnudos de ambos (Harry Callahan y
Edward Weston). La muestra que acoge el Círculo de Bellas Artes ha
querido ir más allá de estas categorías para proponer una noción más
amplia y compleja de la llamada fotografía erótica a través del vínculo
de cuerpo y naturaleza que deja ver la mirada del autor sobre el deseo
vuelto imagen: el de un fotógrafo que ve, pero que también ama, a otro
sujeto que fotografía. No se trata de una mujer sino de su mujer.
A la vez que se abren las puertas de
esta muestra lo hace también una paralela centrada en la figura del
joven artista mexicano, premiado hace dos años por el festival. Tus pasos se perdieron en el paisaje es
una muestra fotográfica documental sobre los muertos de Sinaloa. “Mi
fotografía es una denuncia, porque donde yo vivo suceden estas cosas.
Si, también es un país hermoso, pero no se puede confiar en nadie”,
explicó Brito. “Trabajo en un periódico y allí los muertos se olvidan de
un día para otro, yo solo he querido darle más vida a esos muertos”.
Las fotografías de Brito muestran cadáveres como nudos de carne,
apilados y revueltos, y salpicaduras de sangre en medio de una
naturaleza que no se altera, que sigue su curso, mientras los descalzos y
maniatados no respiran, tirados en el suelo, inertes.
El impacto por la actualidad en las
fotografías, que se revelaron en los años setenta, es escaso o
prácticamente nulo, pero no lo es la nueva mirada que se realiza sobre
esta retrospectiva que une a 21 artistas que encontraron en su cuerpo un
medio de expresión y un campo de batalla.
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