Bienvenidos

A través de esta página iré desarrollando aspectos sobre el arte erótico en toda su expresión y en distintas épocas y lugares, donde el escenario de este arte dio pie para que gente talentosa en su oficio descubren un mundo de satisfacciones que el hombre común jamás pudo experimentar.

Invitamos a todos aquellos que se sientan identificados con esta página a enviar sus trabajos eróticos (NO PORNO) que será bien recibidos y publicados en este blog.

viernes, 27 de julio de 2012


Portal de dos modelos desnudas en el MoMA estimula, inhibe…

Exposición "Imponderabilia" en el Museo de Arte Moderno de Nueva York causa una estimulante controversia entre el público que asiste a ver la obra de Marina Abramovic.
Un pasillo con dos mujeres desnudas en el que se tiene que atravesar con mucho cuidado para no pisarlas, escurriendote entre el arte vivo del cuerpo humano en un túnel psicológico reactivo ante la desnudez femenina, la belleza y el espejo de la sexualidad propia (su desenvoltura o su incomodidad).
Esto es parte de la exposición de la artista serbia Marina Abramovic “Imponderabilia” que se presenta en el MoMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York).
Algunas personas se perturban tanto por la desnudez que ni siquiera pasan a ver el siguiente espacio de la exposición. Curiosamente las dos modelos desnudas, bastante lindas sin ser en ninguna forma ofensivas, están más comodas desnudas que la gente con ropa alrededor de ellas.
Por lo mismo se recomienda que las personas que atraviesen el tunel de las modelos tengan control de su cuerpo para, en tan apretado y estimulante espacio, no padecer algún tipo de exabrupto y violar su altiva pureza como guardianas de una dimensión de alternidad.

A través de su vulva, el cielo de Tokio: la fotografía erótica de Rikki Kasso

La fotografía erótica de Kasso tiene que ser una de la más altas manifestaciones del arte contemporáneo: fractales de la eterna forma femenina con la característica refinación japonesa, poesía de lo bizarro y seducción infecta. pijamasurf.com
 La simetría de la forma sagrada: la vulva y la vagina, la V, esa pirámide inversa, que es en el espejo microcósmico de la Tierra el vaso del cielo, el caliz; desde el contexto urbano, a veces perverso, porcelana glacial, belleza a veces bizarra, máxima femenidad en la plata del papel o en la pantalla, como solo un fotógrafo japonés, de una refinación inasequible, podría vislumbrar. Rikki Kasso, como un dandi divinizado por la feminidad que lo acompaña, que le abre la puerta y se desnuda en esa ciudad fantástica que es Tokio, con el cielo entre los grandes edificios fálicos y las nubes que forman también otros fractales de la eterna forma femenina, produce sin duda uno de los cuerpos fotográficos más seductores en la actualidad, a la altura de cualquier otro fotógrafo, con la ventaja de dominar el tema que más nos atrae: la belleza de la mujer y la naturaleza entrelazadas por la mística simetría que nos revela que la feminidad es la cifra de nuestro planeta

 Rikki Kasso mantiene el blog Tokyo Undressed, de donde hemos obtenido estas fotografías; seleccionarlas ha sido un proceso hipnótico, inabarcable por las miles de fotos que tiene Kasso, todas con la más alta calidad estética y el más puro magnetismo erótico. Autor de varios libros, pinturas y hasta películas, Kasso yuxtapone las imágenes, los cuerpos con paisajes celestes o texturas, creando un efecto similar a la técnica de Eisenstein, donde la suma de las imágenes crea una nueva dimensión, donde se funden conceptos y sutilezas y se empalman formas análogas creando la sublime epifanía de que todas las cosas son otra y la misma.
Parte notable del trabajo de Kasso es su capacidad de erotizarse constantemente sin perder en ningún momento su exquisitez, de encontrar un gesto o una breve forma que logran insinuar toda una narrativa erótica, a veces onírica y a veces sádica; de ver la formas primordiales de la vulva y los senos iterarse en la naturaleza, como un fractal ubicuo. Como si fuera el elegido entre  los voyeuristas, tocado por el hada madrina de la magia sexual, que lo gratifica con sus ninfas: muñecas de la piel más suave, del ardor más secreto, en esa habitación prohibida, tan lejos y tan cerca en su angelical lascivia.
*Pasa el cursor sobre la imagen para ver el título de la foto.


Transmisión interestelar regalará sesión de pornografía a Dios

Utilizando quark-gluon plasma y otros afrodisiacos interestelares, el filósofo experimental y artista conceptual Jonathon Keats intentará excitar los deseos sexuales de Dios
La misión que Jonathon Keats se ha auto impuesto es clara: excitar a Dios a través de un despliegue de pornografía celestial. Y para lograrlo recurrirá a una porno proyección interestelar emitida desde el Gran Colisionador de Hadrones, así como a un estimulante kit compuesto de incienso, velas y un altar votivo, todos ellos orquestados desde su Mac, así como a una serie de súper sofisticados afrodisíacos, entre ellos el quark-gluon plasma. Equipado de esta forma el filósofo experimental y artista conceptual intentará incitar los deseos sexuales de Dios.
“El quark-gluón plasma es esencialmente la reminiscencia luminosa del coito divino, y es mucho más sexy que el bosón de Higgs”, afirma Keats. El QGP es una propiedad que algunos científicos afirman que se trata de un nuevo estado de la materia, también conocido como el “caldo de quarks”, que corresponde a una fase específica del proceso de la cromodinámica cuántica. Se manifiesta a temperaturas extremadamente altas y básicamente consiste en la liberación de quarks y gluones que componen la estructura de la materia a un nivel muy profundo. Los quarks son minúsculas cargas positivas que crean a los protones y supuestamente están unidos por gluones. En conjuntos estos dos podrían ser la representación física de lo que arquetípicamente conocemos como Aether y que permite que todo esté unido.
El porno despliegue interestelar que pretende Keats se transmitiría desde la sede del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), ubicado en Ginebra, Suiza, y la señal viajaría hasta Nueva York. “El primer porno palacio de Dios estará en Brooklyn a través de un enlace remoto web, en lugar de Ginebra, donde se encuentra el LHC. Pero si la CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) quisiera tener un palacio porno en su localidad, a mí me encantaría discutirlo con ellos. Tal vez un altar votivo construido al interior del túnel del LHC; eso sería fantástico”.
Y aunque pareciera que la intervención de Keats es algo bastante complejo, lo cierto es que el manifiesto artístico que se encuentra detrás de esta obra es aún más sofisticada: el inquieto filósofo busca recordar a Dios que está en deuda con sus hijos galácticos —es decir, nosotros— pues debe de proveernos con un hábitat menos susceptible al suicidio.
“El universo se ha estado expandiendo, algo que podríamos esperar de cualquier recién nacido, sin embargo, en los últimos 13,700 millones de años, el crecimiento ha sido incesante y de hecho el rango de expansión está acelerándose. Debido a la sobre-abundancia de energía obscura  la aceleración expansiva está destinada a despedazar el universo o a reformarlo en una masa amorfa. Y la fuerza gravitacional de los agujeros negros supermasivos no va a ayudar”, afirma Keats, y agrega: “Seguramente has pensado que Dios habría planeado una mejor forma de sembrar el universo que esta. Tal vez Dios concebirá futuros universos con mejores probabilidades de subsistir a largo plazo”.
La pieza de Keats se estrenará próximamente en Nueva York, en el espacio de arte alternativo de Williamsburg, el Louis V.E.S.P. Junto con ella también se exhibirá otra obra del mismo artista titulada “Pornografía para plantas”. Y aunque pareciera que la búsqueda de incitar sexualmente a Dios como recordatorio de que existimos, de que nos preocupamos por nuestro futuro e incluso de que estamos dispuestos a complacerlo, pudiera pecar de ser una tentativa cuántico-pagana, lo cierto es que las intenciones son buenas, y tal vez también lo sea el resultado. O como Keats lo expone: “No soy un psicoanalista, pero estoy seguro que un poco de buen porno aliviará a Dios de su resaca de 13,700 millones de años”. pijamasurf.com

La Gran Muralla de Vagina

La obra de Jamie McCartney de 400 únicas vaginas ha ganado el Festival Erotic Signature y generado el interés tanto de críticos de arte como de aficionados del erotismo pijamasurf.com
Generando la excitación de críticos de arte y porno aficionados por igual, Jamie McCartney se ha llevado el premio del festival de escultura Erotic Signature por su “Gran Muralla de Vagina”. Esta épica obra vulviforme, que se extiende como una muralla de 9 metros, le tomó al artista cinco años para su construcción, basándose en las vaginas de 400 mujeres de 18 a 76 años, incluyendo madres, hijas, gemelas idénticas, hombres y mujeres trasngénero, así como mujeres prenatales, postnatales y que se habían realizado labioplastía.
Un canto cósmico a la vagina —fuente de vida y seducción— y un canto político a la vagina: liberación femenina, confianza y aceptación de su propio cuerpo (más allá de los paradigmas de la estéticamainstream). Como dice la artista: “no es vulgar, es vulvar”. Conciencia social, provocación, vórtice labial.

Pornografia geométrica: la aplicación que Apple censuró (pero que nosotros promovemos)

GeometricPorn es una aplicación que canaliza figuras geométricas básicas para detonar el mapa referencial de nuestra propia mente: formas geométricas que conviven en una orgía tecno-sensible reprobada por Apple.  pijamasurf.com
aplicación de geometria pornografica que apple rechazó distribuir
Un tributo geométrico a una práctica de la cual, en cierto sentido, depende la humanidad: la interacción sexual. Recurriendo a las formas primigenias de la realidad, el lenguaje geométrico, esta genial aplicación transforma simples cuadros, triángulos, círculos y rectángulos en una orgía tecno-sensible. Algo que resulta curioso es el preguntarnos si esta confabulación de formas en realidad alude directamente a escenas sexuales o si, en cambio, es nuestra propia mente, a través de nuestro mapa referencial, la que termina dando el toque final a lo que se nos presenta como geometría pornográfica. 
“Algo abstracto que existe en el pensamiento, o a través de una idea, pero que no tiene una existencia física o concreta. Geometría visual que contiene una descripción no-explícita de órganos o actividad sexuales. Surgiendo en la mente, intenta estimular sentimientos eróticos por encima de los estéticos o emocionales”, se lee en el About del sitio de la aplicación.
GeometricPorn es un proyecto del artista multidisciplinario Luciano Fogle, quien lleva años desarrollando proyectos relacionados al diseño interactivo, animaciones digitales y musicalización, y quien radica actualmente en Londres. Lamentablemente, luego de consumar esta genial app que nos lleva de paseo a un húmedo jardín repleto de arquetipos, Fogle se encontró con la censura de Apple, quien no permitió que GeometricPorn se distribuya a través de iTunes. 
El primero de febrero de este año, GeometricPorn fue oficialmente rechazada por Apple Inc, alegando que se encuentra entre el grupo de aplicaciones que presentan “contenido excesivamente cuestionable o crudo”. Actualmente Fogle está vendiendo camisetas con algunas de dichas imágenes contenidas, y aunque posiblemente no quieras pagar los 32 euros que cuestan estas prendas, al menos apoya la causa circulando esta nota: con un poco de suerte la corporación fundada por Steve Jobs recapacitará al respecto de su cuestionable censura.  

“porque hace una semana que no cojo”: la culta procacidad de cierta poesía amorosa

Contrario a lo que podría pensarse, la poesía amorosa tiene expresiones que van más allá de la idealización del amor y de los cuerpos y, con culta procacidad, hacen del sexo y sus cualidades el elemento primordial de su lirismo.  pijamasurf.com
Eso tienen en común el amor y la poesía: la facilidad con que admiten la idealización, el traslado al mundo de las ideas. Por una herencia cultural que pasa por el romanticismo y el amor cortés, a veces, algunos, tendemos a pensar que la poesía está hecha únicamente de motivos bellos y sublimes, y que el amor es una especie de potencia invisible que mantiene vivo al mundo pero sin tocarlo.
Así, no es extraño que un lector poco familiarizado con la poesía piense que, en el caso de la amorosa, todo es rosas y azucenas, ojos claros serenos, pupilas azules, polvo enamorado, yelo abrasador. O, como en el soneto de Góngora,
De pura honestidad templo sagrado,
cuyo bello cimiento y gentil muro
de blanco nácar y alabastro duro
fue por divina mano fabricado;
pequeña puerta de coral preciado,
claras lumbreras de mirar seguro,
que a la esmeralda fina el verde puro
habéis para viriles usurpado;
soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
al claro sol, en cuanto en torno gira,
ornan de luz, coronan de belleza;
ídolo bello, a quien humilde adoro:
oye piadoso al que por ti suspira,
tus himnos canta, y tus virtudes reza.
Sin embargo, sabemos bien que ni la poesía ni el amor son solo eso. Si el vehículo de la poesía es el lenguaje y el del amor el cuerpo, entonces tanto uno como otro debieran expresarse también en esos ámbitos poco usuales, poco visitados, que solo un prurito moral mantiene en las sombras del pudor y el apego a las reglas.
Se piensa, pero no es cierto, que ni la procacidad ni la corporalidad tienen paso libre a los reinos empíreos de la poesía amorosa y las ideas absolutas: la idea de amor, de belleza, de perfección, todas ellas inmaculadas, de rostros albos y caireles rubios, mejillas sonrosadas.
Ya entre los siglos XVI y XVII, más o menos la época en que se asentó esta manera de pensar el amor en sus relaciones con la poesía, la llamada lírica popular dio forma a algunos poemas, sonetos también, que intentaron conciliar ese conflicto, reparar la ausencia de ese elemento imprescindible en las relaciones amorosas. Este, por ejemplo, aunque en portugués, fue recreado del español por el poeta brasileño José Paulo Paes (lo transcribo, disculpándome de antemano por desconocer el original y esperando que sea lo suficientemente claro como para entenderlo):
—Que quer de mim, senhor? — Filha, foder-te.
—Diga com mais rodeios. — Cavalgar-te.
—Diga ao modo cortês. — Então, gozar-te.
—Diga ao modo pateta. — Merecer-te.
—Bem hajas que consigo compreender-te
e mal haja quem peça de tal arte.
Depois, o que farás? — Arregaçar-te
e com a pica alçada acometer-te.
—Tu sim hás de gozar meu paraíso.
—Que paraíso? Eu quero é minha porra
metida bem no fundo do teu racho.
—Com que rodeio o dizes, tão precioso!
—Caluda, amor, que de prazer já morra,
fodendo-te, eu por cima, tu por baixo.
En este caso el lenguaje es totalmente grosero, tanto, que incluso se permite parodiar las maneras de la poesía culta: “Dilo al modo cortés”, pide la mujer al hombre que la corteja con la única intención de establecer trato carnal con ella. Y claro, la mención directa de los protagonistas más elementales del acto sexual: el pene, metaforizado pedestremente como la “pica alzada”; y la vagina, el “racho”, la hendidura.
Es muy posible que haya más poemas como este, teniendo todos en común esa limitada capacidad léxica y de recursos poéticos tan propia de la lírica popular.
El asunto se torna, a mi juicio, mucho más interesante, entretenido e incluso provechoso, cuando descubrimos que existen poetas plenamente adiestrados en lo mejor de la tradición lírica hispánica (y también de otras lenguas), que ponen dicho conocimiento al servicio de la procacidad amorosa, con resultados diametralmente opuestos.
Como si se tratase de un juego no exento de perversidad, aquí las gracias de la poesía se combinan con temas y situaciones que, pensaríamos de entrada, anclados a una concepción canónica del ejercicio poético, difícilmente cabrían en los límites de los versos y las rimas. Veamos:
1959
Juguemos al pendejo, vida mía;
verás qué divertido, cuando a huevo
tienes que celebrar el Año Nuevo
con Sonetos y muecas de alegría.
Verás qué lindo, cuando cada día
(al surgir en Oriente el rubio Febo)
sientes que el mundo ya te importa sebo
y un ardite nomás la poesía.
Acaso te amanezca alborotada
―otrora erecta, dura y agresiva―
la dulce prenda, por mi mal hallada.
No te hagas ilusiones. Pensativa,
en cuanto expulses la primera miada,
se volverá a arrugar, triste y pasiva.
Y HE DE CONCLUIR, SONETO, Y CONTENERTE…
Pienso, mi amor, en ti todas las horas
del insomnio tenaz en que me abrazo;
quiero tus ojos, busco tu regazo
y escucho tus palabras seductoras.
Digo tu nombre en sílabas sonoras,
oigo el marcial acento de tu paso,
te abro mi pecho ―y el falaz abrazo
humedece en mis ojos las auroras.
Está mi lecho lánguido y sombrío
porque me faltas tú, sol de mi antojo,
ángel por cuyo beso desvarío.
Miro la vida con mortal enojo;
y todo esto me pasa, dueño mío,
porque hace una semana que no cojo.
Ambos sonetos provienen de Sátira, el libro cabrón, de Salvador Novo, un título que además tiene una peculiar historia editorial. Escogí ambos poemas porque me parece que son los que mejor muestran esa cuidada contención que solo da el conocimiento acabado de lo que se hace. Ambos son procaces: no hay nada de esa idealización del ser amado que era común en la poesía renacentista, barroca y romántica. Pero tampoco están en el extremo opuesto de la grosería popular. Ni siquiera se encuentran equidistantes de uno y otro punto. Los de Novo son ejemplares únicos que se comportan siguiendo sus propias reglas.
Quizá este mecanismo se haga un poco más evidente si pensamos los sonetos como si estuvieran en un espejo, como si uno fuera el reflejo y el otro el reflejado, como si la izquierda de uno fuera la derecha de otro. Así, por ejemplo, en 1959 todo es procacidad salvo por un verso, el sexto, “(al surgir en Oriente el rubio Febo)”, que emula el vocabulario poético más rancio y menos sorpresivo; en contraste, su pareja es todo lirismo ―ahí están el regazo, las auroras, el lecho lánguido― hasta la última línea, en que la procacidad se hace presente para, en ese solo instante, derruir todo el edificio sentimental levantado once versos antes:
Miro la vida con mortal enojo;
y todo esto me pasa, dueño mío,
porque hace una semana que no cojo.
Se trata, en suma, de verdaderos artefactos poéticos cuyas piezas y resortes no están ahí por casualidad, sino puestos con plena conciencia del efecto buscado, para satisfacción del autor y, por supuesto, de sus lectores. Sin descuidar la declaración amorosa que, como columna vertebral, sostiene y da sentido al ingenioso juguete.
Para finalizar este texto con renovado y aumentado asombro, recurro a una colección de poemas que quizá alguien ya estuviera echando en falta: los Sonetos votivos de Tomás Segovia.
Segovia, reconocido unánimemente por su labor en la poesía erótica, dejó publicada una serie muy bien lograda de sonetos que, si la simplificación no fuera injusta, podríamos calificar de sexuales. Hablan de las relaciones entre un hombre y una mujer, de la masturbación, del orgasmo, del semen y los tibios muslos. Y, un poco a la manera de Novo, lo hace también desde una formación sólida en la tradición poética de la lengua española.
Segovia, sin embargo, posee una sensibilidad distinta. A sus sonetos no les sienta muy bien la calificación de procaces, porque procaces no son per se los cuerpos desnudos. Mejor decir que en este caso su poesía es directa, franca, como si con esta sinceridad pretendiera evocar la inutilidad última de cualquier ornamento en el acto amoroso.
XII
Y sin embargo, a veces, todavía,
así de pronto, cuando te estoy viendo,
vuelvo a verte como antes, y me enciendo
del mismo modo inútil que solía.
Y me pongo a soñar en pleno día,
y reprocho al destino, corrigiendo,
como los locos, lo que fue; y no entiendo
cómo no pude nunca hacerte mía.
E imagino que anoche me colmaste
de placeres sin nombre, y que esa chispa
perversa y de ternura en tu mirada
prueba que lo otro es nada —que gozaste,
que a ti también este limbo te crispa,
¡que al fin te di el orgasmo!—y lo otro es nada.
XIV
Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada derramado.
Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.
Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una figura suya
definitiva y simple como un nombre:
mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna tuya
alba geológica en mujer y hombre.
XX
(Soneto a la inglesa)
Todo hombre sin mujer es un Crusoe.
Náufrago de tu ausencia me rodeo
el simulacro gris de un ajetreo
cuya nostalgia sin piedad me roe.
Y al correr de los días o los años,
voy odiando mi edén entre las olas,
y mi siembra de amor erguida a solas,
y mi semen tragado por los caños.
No la caza triunfal, ni el fruto en ciernes;
no el perro, ni el paraguas, ni la mona;
no el papagayo o el hogar o un Viernes;
sólo un sueño imposible me obsesiona:
por entre escollos y corales y algas,
nadar hasta la costa de tus nalgas.
La procacidad amorosa: dominio exclusivo de los poetas adiestrados.

Ensayo fotográfico dentro de un burdel en Praga donde el sexo es gratis si lo haces en línea

Compartir digitalmente se ha convertido en un enorme afrodisiaco: la fotógrafa Hana Jakrlova explora los límites que difuminan a una prostituta y a su cliente, a un sujeto y a un objeto, en un provocador ensayo sobre el burdel "Big Sister"  pijamasurf.com
Un cliente checa su desempeño  en el Heaven Room 
La fotógrafa Hana Jakrlova creó este provocador ensayo sobre un “internet sex club” en Praga en el que nos invita a reflexionar sobre una sociedad donde todo tiene más valor si se comparte en línea –paradójicamente la virtualidad le inyecta una dosis de realidad a lo “real”. En el “Big Sister”, un ahora extinto burdel en Praga, se difuminaba la línea entre clientes y prostitutas: el sexo era gratis siempre y cuando se aceptara ser filmado y aparecer en un sitio de internet en tiempo real. Los visitantes del sitio pagaban por ver y en cierta forma prostituían a los clientes, que tenían sexo gratis, pero generaban dinero para la casa.
Jakrlova en su libro, del mismo nombre que el burdel, dice que este sui generis establecimiento es un síntoma extremo de nuestra época, donde “para que algo sea real y excitante debe de tenerse en línea”. Como si fueramos adictos a una sensación de potencia de multitud y, dentro de nuestra alienación, a un deseo de exhibición. O tal vez sea porque, como ocurría hace algunos años con la televisión, pensamos que si algo no pasa en la Red, en realidad no pasó y se desvanece en nuestra memoria (la cual no podemos compartir directamente como un archivo en línea). La realidad, nos han enseñado, es un fenómeno colectivo, un estado consensual, incluso un concilio que decide sobre qué  y cómo percibimos.
El “Harem Room” no tiene aire acondicionado y generalmente se prohíbe abrir las ventanas para crear una atmósfera de erotismo hermético.
Por otro lado, Jakrlova resalta el reto que fue penetrar este establecimiento desde una mirada femenina. Aunque la prostitución es legal en la República Checa y en su caso siempre observó actos consensuados, no deja de haber una sensación de explotación en este comercio sexual digital. Por momentos sentía, relata, el deseo de actuar (no sexualmente) sino de forma que impidiera  la continuación de un proceso deshumanizador.
La habitación fetiche cuenta con herramientas y parafernalia erótica para practicar el sadomasoquismo.
Otra de los elementos llamativos de este sofisticado burdel es que por todos lados figuran las cámaras: se convierten en parte de la escenografía y en estimulantes eróticos del voyeurismo compartido. 
 
Hace algunos meses publicamos una reflexión sobre los efectos de tener sexo conectados a la red (un estudio sugiere que en Estados Unidos al menos la mitada de los usuarios de Internet se mantienen conectados mientras tienen sexo). ¿Acaso la íntima energía que se intercambia, se devora, crece o se vampiriza durante la cópula también se transmite en línea y verdaderamente se borra, como ocurre en la física cuántica, la barrera entre el observador y lo observado, entre el emisor y el receptor, entre el que penetra y el que es penetrado? Si consideramos que, debido a las neuronas espejo, en nuestro cerebro el ver un acto sexual es prácticamente lo mismo que tener sexo, el sexo en la red es realmente una orgía planetaria en la cual participamos sin saber. Ver no es un acto pasivo, es una transformación a distancia, una invasión a través de la imagen.